Un grupo de profesores universitarios ha elaborado un manifiesto en defensa de la muerte natural al que puede adherirse el que quiera. Está firmado por gente prestigiosa de la universidad como César Nombela, Francisco López Timoneda, José Miguel Serrano Ruiz-Calderón, Elena Postigo, José Carlos Abellán y Lucía Prensa.
Me gusta sobre todo el último punto del manifiesto:
“Los profesionales de la salud deben respetar siempre la vida humana y su evolución hacia la muerte natural. La inversión del valor del curar o aliviar como principio esencial de la Medicina, sustituyéndolo por el de provocar la muerte, puede abrir vías cuyos límites son impredecibles. La Ciencia y la Práctica Médica tienen cada vez más y mejores instrumentos para actuar y para discernir; reclamar que se empleen a favor de la vida humana es un derecho de todos”.
Los límites han sido sobrepasados en el pasado y pueden serlo en el futuro. El proyecto está ahí.
Además está muy bien el párrafo final del artículo:
“una sociedad que acepta la terminación de la vida de algunas personas, en razón a la precariedad de su salud y por la actuación de terceros, se inflige a sí misma la ofensa que supone considerar indigna la vida de algunas personas enfermas o intensamente disminuidas”.
Es decir, el mal revierte sobre la propia sociedad o los propios individuos que lo provocan. No nos engañemos.
Ya me gusta menos el nombre del manifiesto porque parece que defiendes la muerte, lo cual siempre queda mal, pero en cualquier caso parece que se ha intentado darle un matiz positivo (quedaría mal decir “en contra de la eutanasia”).










