Tribuna. El proceso de la muerte – DiarioMedico.com

via Tribuna. El proceso de la muerte – DiarioMedico.com.

Interesante aportación la del Director de la Fundación Lilly, José Antonio Guitérrez Fuertes.

Estos dos párrafos me parecen especialmente interesantes:

Cuando existe un dilema entre la libertad del paciente y la libertad del médico, debemos tener presente que las libertades son individuales en cada caso, son independientes, debiendo primar la del enfermo que padece la enfermedad y el dolor, y es dueño de su vida. Ahora bien, no podemos olvidar que el individuo es libre en tanto en cuanto conozca el objeto sobre el que debe decidir; en el caso del paciente, su enfermedad y las posibilidades de aliviarla, o no. Lo frecuente es que el enfermo quiera saber qué le sucede, pero confíe al médico lo que debe hacerse y sea mejor para él.

Estamos ahí para ayudar al enfermo, pero no somos sus esclavos, estamos a su servicio, pero no para hacer todo lo que pida.

Ya que, si definimos como digno a quien es “merecedor de algo”, y como dignidad, la “cualidad de digno”, ¿va una norma a establecer que somos dignos o sujetos de dignidad en el “proceso de la muerte”? ¿No es más sencillo y real admitir que la enfermedad, el dolor y la muerte son consustanciales con nuestra propia existencia y dejar el tema en manos de sus protagonistas?: el paciente que sufre, el médico que intenta aliviarle y la familia que le acompaña, además de la mínima, aunque en alguna situación conveniente, injerencia normativa?

Igualmente cabe preguntarnos ¿qué se entiende por proceso de muerte y cuándo comienza?; ¿quizás en el preciso instante en que se crea la vida? Y entonces, ¿a partir de qué momento intentaremos regularlo? Son muchas e importantes cuestiones que a todos nos afectan o lo harán indefectiblemente, con o sin el legislador, como para tratar de solventarlas y resumirlas en frases grandilocuentes y demagógicas. Por nuestra parte, los médicos deberíamos profundizar al máximo en estos aspectos trascendentales para el ser humano, al que nos debemos.

En muchas ocasiones el problema es que el enfermo no asume sus limitaciones y que el médico no se atreve a decirle: ya no podemos seguir tratándole, ahora solo nos queda aliviarle y acompañarle.

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